'Darte cuenta que ya no es lo mismo, que ciertos miedos bombardean tu cabeza mientras haces lo mismo que harías antes. Pensamientos que no cesan y continuarán hasta que todo esté claro. ¿Cuándo podrá estar todo claro? Probablemente nunca, probablemente las cosas simplemente tengan que cambiar dejando paso a algo nuevo, porque nada volverá a ser como antes.'
"Every cloud has a silver lining" este es uno de mis dichos favoritos en inglés. Es un por muy mal que vayan las cosas, siempre hay algo bueno que encontrar en ellas. Hay momentos en los que no hay forma de ver esa salida, ese hueco por el que poder escapar y encontrar una pequeña sonrisa, pero hay que tener presente que está ahí, que llegará y que lo que hay que hacer es no perder nunca la esperanza.
Se podría estar escribiendo mucho más sobre este tema, poner ejemplos infinitos tanto personales como generales, pero no tendría ningún sentido. Al leer estas palabras cada uno ha pensado en ese momento malo que está viviendo ahora o que ha vivido y del que ha salido gracias a ese pequeño rayo de luz.
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Con este pensamiento quería reanudar mi escritura en el blog, porque, aunque no lo lea nadie a veces es bueno coger la rutina y desahogarse de alguna manera.
Hay días buenos, días malos y días simplemente normales, en los que no sucede nada que lo califique ni de una cosa ni de otra. Este ha sido mi día de hoy, un día un tanto monótono sólo un tiempito de entretenimiento mientras paseas un perro con una amiga, una forma más de conseguir reirte. Sin embargo la tarde llega y es el momento en el que tienes más tiempo para pensar y tienes que hacer muchas cosas que no es que apetezcan demasiado (en mi caso leer "Gulliver's Travels", más entretenido para mi que "Robinson Crusoe" pero que me gustaría más si fuera leído por placer). En este momento, en el que esta misma tarde pensé esto me pregunté: ¿por qué las cosas más absurdas e incluso más aburridas a priori son en ocasiones lo que nos hace sonreir con mayor fuerza si simplemente es que queremos hacerlas? Es curioso, pero si tuviese que sacar a un perro un día como hoy (lluvioso) yo sola, por obligación probablemente no me hubiese reído ni un segundo, pero al ir porque sí, por el simple placer de salir a la calle aún con frío y con el paraguas en la mano, me hizo estar feliz, al menos por un momento.
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A veces las personas toman decisiones que no llegamos a comprender del todo o que sí comprendemos pero no compartimos, en estos momentos lo único que podemos esperar es que esas personas no pierdan su esencia y sean capaces a pesar de todo de seguir siendo quienes son sin olvidar a los que realmente también están ahí.